




Al mismo tiempo se me ocurrió que sería interesante conocer aquellos lugares frustrados. Ciudades en las que por un periodo más o menos largo pude haber acabado pero que el destino -frecuentemente caprichoso- decidió cambiar en el último momento.
Esa intención y, por que no decirlo, el detalle más prosaico de una promoción comercial de una línea aérea hicieron el resto.
Como Pessoa vengo a la ciudad para perderme, haciendo mía la máxima por la cual para emprender caminos nuevos hay que olvidar lo pasado y esa es una tarea que si siempre es difícil se torna casi imposible sin cambiar de horizontes.
En cierto modo es una sensación ya conocida, pero que hasta ahora no había sido totalmente consciente. A modo del 'Je me souviens' intento anotar otros lugares paralelos, y me pregunto si debería regresar o dejarlos intactos en la memoria.
Veremos...
Llego a la ciudad y descubro una luz única que me recuerda 'otros nortes'. Camino todavía atontado como sin saber qué lugar ocupo en el mapa. En la Stortoget o plaza mayor entro en el Café Satir y, tras pedir el menú del día o 'Dagens Rätt' , descubro que en mi misma silla se sentó Winston Churchill. No se qué pensar.
Como quiera que este viaje vertical no debiera quedar sólo en una cuestión de latitud, subo al Katarinahissen, un ascensor de 1881 y por 10 coronas me adentro en Södermalm sin demasiado esfuerzo.
Que esta ciudad sea una gran isla no debe ser casualidad.
Camino del 'Cementerio del bosque' me pregunto si Pippi Langstrumpf pudo ser la primera niña 'Shandy'.





















