
Pasada la euforia del aniversario, recuerdo estas líneas de Magris:
El final y el principio del milenio necesitan una utopía unida al desencanto.
Utopía significa no rendirse a las cosas como son y luchar por las cosas tal como debieran ser.
La utopía da sentido a la vida, porque exige, contra toda verosimilitud, que la vida tenga un sentido; Don Quijote es grande porque se empeña en creer, negando la evidencia, que la bacía del barbero es el yelmdo de Mambrino y que la zafia Aldonza es la encantadora Dulcínea. Pero Don Quijote, por sí solo, sería penoso y peligroso, como lo es la utopía cuando violenta a la realidad (...) Don Quijote necesita a Sancho Panza que se da cuenta de que el yelmo de Mambrino es una bacinilla y percibe el olor a establo de Aldonza, pero entiende que el mundo no está completo ni es verdadero si no se va en busca de ese yelmo hechizado y esa beldad luminosa.
Utopía y desencanto, antes que contraponerse, tienen que someterse y corregirse recíprocamente. El final de las utopías totalitarias sólo es liberatorio si viene acompañado de la conciencia de que la redención, prometida y echada a perder por esas utopías, tiene que buscarse con mayor paciencia y modestia, sabiendo que no poseemos ninguna receta definitiva, pero también sin escarnecerla.
Demasiados desilusionados por las utopías totalitarias desmoronadas, excitadísimos por el desencanto en lugar de haberse vuelto a causa de ello más maduros, levantan una voz chillona y presumida para mofarse de los ideales de solidaridad y justicia en los que antes había creído ciegamente.
El énfasis con el que a menudo se celebra la caída del estado Social, en lugar de estudiar sus patentes defectos para corregirlos, es un aspecto de esa incapacidad de unir utopía y desencanto.
El desencanto que corrige a la utopía, refuerza su elemento fundamental, la esperanza ¿Qué es lo que puedo esperar?, se pregunta Kant en la Crítica de la razón pura. La esperanza no nace de una visión del mundo tranquilizadora y optimista, sino de la laceración de la experiencia vivida y padecida sin velos, que crea una irreprimible necesidad de rescate.
Creer que se ha vencido, que se tiene con el triunfo una relación inquebrantable, puede ser peligroso.
Utopía y desencanto
y sigo leyendo y leyendo...
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