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"En el San Marco triunfa, vital y sanguínea la diversidad. Viejos capitanes de largas singladuras, estudiantes que preparan exámenes y estudian maniobras amorosas, ajedrecistas insensibles a lo que pasa a su alrededor, turistas alemanes curioseando las pequeñas placas dedicadas a pequeñas y grandes glorias literarias ya asiduas a aquellas mesas, silenciosos lectores de periódicos, cuadrillas fiesteras inclinadas a la cerveza bávara o al verduzzo, resueltos ancianos que deploran la indecencia de los tiempos, contestatarios sabelotodo, genios incomprendidos, algún 'yuppie' imbécil, tapones que saltan como salve de honor, en especial cuando el doctor Bradaschia, ya desacreditado por varios falsos títulos -entre ellos incluso el de Licenciado universitario- y vetado por el tribunal, ofrece impertérrito algo de beber a quien está al lado o pasa por delante suyo, diciendo al camarero, en un tono que no admite réplica, de apuntárselo en la cuenta."
"Alla sera d'estate nel piazzale principale davanti al caffé, c'é il cinema all'aperto, gestito dal signor Voliotis che, dopo alcune estati, in altri rioni della cittá si trova a gestire dei cinema a lucci rosse. Naturalmente si paga il biglietto d'ingresso, ma si possono vedere i film anche da Via Volta, oltre il recinto del Giardino."
"I cannot begin to give you the flavour of the old Austrian Empire. It was a ramshackle affair but it was charming, gay, and I experienced more kindnesses in Trieste than ever before or since in my life."
A veces la casualidad o una extraña combinación de circunstancias nos llevan a lugares o situaciones que nunca nos habríamos imaginado, y la verdad es que no logro encontrar el motivo por el cual hace ya más de 10 años se me quedó grabada esta ciudad de la que apenas conocía nada.
Lo mismo ocurrió con Lisboa, y curiosamente existen muchos paralelismos entre estas dos ciudades. El Borgo Teresiano bien podría corresponder con la baixa pombalina, Piazza dell'Unitá con el Terreiro do Paço, la catedral y el Castillo de San Jorge lisboetas, en Trieste lo son de San Giusto e incluso hay una copia del 'eléctrico' 28, azul en lugar de amarillo, que desde el centro de la ciudad sube hasta Opicina.
Parecidos razonables también existen entre Svevo, Joyce y Pessoa, al menos en sus bigotes y sombreros.
Decía Joyce, en una cita probablemente reinventada por Svevo, que "Si al Anna Liffey (el río de Dublín) no lo engullera el océano, sin duda desembocaría en el Gran Canal de Trieste"... pero tal vez podríamos cambiar el Tejo por el Anna Liffey o quien sabe si por debajo de la Rua Augusta no discurra un canal más o menos grande hacia la Praça do Comercio.
He tardado 10 años en llegar hasta aquí, y no tardé ni dos minutos en despejar cualquier temor a que este lugar tan esperado me decepcionase. No podía ser de otro modo. Tergeste, Trieste, Triest, Trst, principio y fin de Italia, que es al mismo tiempo principio y fin de los Balcanes y de la Mitteleuropa... Normalmente no suelo recomendar libros, películas y mucho menos viajes, pero Trieste, con apenas 200.000 habitantes, es sin lugar a dudas Europa con mayúsculas, una apuesta segura, incluso con lluvia y bora de por medio.
Ahora quedan atrás ya el Molo audace, piazza dellUnitá, el canale Grande, San Giusto, y el Carso...
Outra vez te revejo — Lisboa e Tejo e tudo —, transeunte inútil de ti e de mim, estrangeiro aqui como em toda a parte, casual na vida como na alma, fantasma a errar em salas de recordações, ao ruído dos ratos e das tábuas que rangem No castelo maldito de ter que viver...
"Triestinitá, vitalidad y melancolía, nostalgia de pureza que se da cuenta de todos los compromisos que, aun cuando se muestra indulgente, no se olvida nunca de que son tales y no intenta entender. Exigencia adolescente de una vida verdadera, conciencia senil de una vida falsa; no queda sino la alegre fiesta del bar."
Claudio Magris, Microcosmos.
"Marco entra en una ciudad; ve a alguien vivir en una plaza una vida o un instante que podrían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar él si se hubiese detenido en el tiempo tanto tiempo antes, o bien si tanto tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por una calle hubiese tomado por la opuesta y después de una larga vuelta hubiese ido a encontrarse en el lugar de aquel hombre en aquella plaza. En adelante, de aquel pasado suyo verdadero e hipotético, él está excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo que quizá había sido un posible futuro y ahora es el presente de algún otro. Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas."
"Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más importante que pedir a un ser humano. El libro se llama "Todos los nombres". No escritos, todos nuestros nombres están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.
Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que para mí es todo."
"Think you"re escaping and run into yourself. Longest way around is the shortest way home" Ulysses, 13: 1110-11).
«Esa inolvidable sensación de extrañeza y deriva volví a recuperarla días después cuando en una entrevista le preguntaron al escritor español J. A. González Sainz por qué vivía en Trieste y él contestó así: “Más quisiera yo saberlo. Y ese no saber es una buena razón. Me siento extraño aquí, extranjero, distante, y sentirse extranjero en el mundo creo que es una de las condiciones de la escritura, habitar el mundo de una forma un poco esquinada. Cuando regreso en tren ya de noche de mis clases en Venecia y veo al final del viaje las luces de Trieste allí en el fondo, como atenazadas a la espalda por la oscuridad de las montañas del Carso, con Eslovenia atrás y a la derecha la línea de las costas de Istria, y me digo “ahí está tu casa”, “allí es donde vives”, se me genera una sensación de extrañeza, de no pertenencia sino de paso, con la que me llevo bien y que creo que es fundamental para esa forma de vivir que es escribir”.»
[citado por Enrique Vila-Matas en Dietario voluble. Barcelona: Anagrama, 2008]
El mapa geográfico en su forma más simple no es el que hoy nos parece más natural, es decir, el que representa la superficie del suelo como vista por un ojo extraterrestre. La primera necesidad de fijar sobre el papel los lugares va unida al viaje: es el recordatorio de la sucesión de las etapas, el trazado de un recorrido.
El mapa geográfico, en suma, aunque estático presupone una idea narrativa, es concebido en función de un itinerario, es Odisea.(...) La descripción de la tierra, si por una parte remite a la descripción del cielo y del cosmos, remite por otra parte a la propia geografía interior. Entre los documentos expuestos están las fotografías de unos graffiti misteriosos que aparecían hace pocos años en los muros de la ciudad nueva de Fez, en Marruecos. Se descubrió que los trazaba un vagabundo analfabeto, campesino emigrado que no se había integrado en la vida urbana y que para orientarse debía marcar itinerarios de su propio mapa secreto, superponiéndolos a la topografía de la ciudad moderna que le era extraña y hostil.
Italo Calvino - Colección de Arena El viandante y el mapa
Probablemente uno de los mejores museos en los que he estado.
Había una exposición de Basquiat, pero a mí me ha gustado más la colección permanente y sobre todo ver L'homme qui marche de Giacometti ha sido uno de esos momentos 'en el centro del mundo' que diría VM, al igual que el edificio de Renzo Piano y los jardines, y las vistas a los viñedos ya en Alemania. Lástima no dejen hacer ninguna foto en el interior.
"Todo cambiará para siempre". Ya desde su eslogan, la película italiana Io sono l'amore está apuntando a su raíz, El gatopardo, y más concretamente al adaptador cinematográfico de la obra de Giovanni Tomassi di Lampedusa: Luchino Visconti. El mítico "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" sufre aquí una mutación radical, descorazonadora, acorde con unos nuevos tiempos en los que el desenfreno que atenta contra el estatus social, político, económico y afectivo de una familia de la alta burguesía milanesa ya no tiene vuelta atrás. El acabose.
(...)
Desde luego, se parte de Visconti, pero se llega a lugares muy distintos. El último minuto de película, rabioso, vehemente, arriesgadísimo, sin palabras, solo con recursos fílmicos, es la mejor muestra. Guadagnino, de 39 años, con Io sono l'amore. Matteo Garrone, 40 años, con Gomorra; Paolo Sorrentino, 40 años, con Il divo. El gran cine italiano puede estar de vuelta.
A veces voy a la biblioteca un poco 'a saco' buscando libros de un autor concreto y, entre que muchos no los tienen, están pillados o están en catalán y me da pereza, acabo cogiendo libros que tal vez no sean la mejor manera de empezar a conocer a un autor. Debería haber una guía de lectura para aspirantes a lector, claro que también es verdad que muchas veces los mejores descubrimientos, en la lectura y en otros muchos aspectos, se dan por una extraña casualidad.
Casualidades o extrañas coincidencias hacen que de repente nos encontremos con algo estupendo. Yo diría que las pequeñas mejores cosas que me han pasado han sido siempre un poco así, inesperadas o directamente ajenas a esa historia de nosotros mismos que proyectamos inconscientemente en el futuro aunque sepamos que racionalmente es una estupidez.
Una de esas cosas fue Lisboa. No sé como ver una película-documental con versos de Pessoa y fados varios pudo convencerme para querer estudiar allí un año. La burocracia lo hizo imposible pero esa misma casualidad hizo que tuviera todos los papeles cerrados para ir a Trieste, una ciudad de la que, como Lisboa, tengo recuerdos que no he vivido, porque mi estancia allí también se frustró y tuve que irme unos cuantos kilómetros más al sur.
Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos.
Italo Calvino - Las ciudades invisibles
(...)
Me gusta el fado. Cierto es que más de media hora seguida empieza a resultarme pesado, pero al igual que 'Tabacaria' de Pessoa, Misia o Carlos do Carmo pusieron su granito de arena en esa seducción lisboeta.
Lila Downs en 'Fados' de Saura, tampoco está nada mal...
Hace algunas semanas hice un breve viaje a Italia. Por la tarde, en la estación de Milán hacía un frío brumoso, mugriento. Estaba a punto de salir un tren; en todos los vagones había un cartel amarillo con las palabras "Milano-Lecce". Entonces se me ocurrió soñar con tomar ese tren, viajar toda la noche y encontrarme, de mañana, con la luz, la suavidad, la calma de una ciudad extrema. Eso es al menos lo que imaginé, y no importa mucho cómo pueda ser, en la realidad, Lecce, que no conozco. Hubiera podido gritar, parodiando a Stendhal: "¡Así que voy a ver esta bella Italia! A mi edad, ¡qué loco estoy todavía!" Pues la bella Italia siempre está más lejos, en otra parte.
(...)
Stendhal tiene esa rara pasión, la pasión por lo otro, o, para decirlo con más sutileza: la pasión por el otro que está en él mismo.