El frío queda atrás al cruzar la puerta. He conseguido mantenerme en pie muy dignamente, aunque envuelto en la bufanda y bajo un abrigo algo desproporcionado no me sentía del todo cómodo. La falta de costumbre.
Mi habitación es la 412 y está al final de unos pasillos que se van iluminando a medida que paso por unos sensores automáticos, algo que produce una extraña sensación, como si alguien me estuviera observando.
Entro en el cuarto, dejo la llave sobre la mesa y cuelgo las cosas tras la puerta. Otra habitación de hotel pienso, nada de particular, una vieja televisión, un extraño aparato de radio empotrado en la mesita de noche, un cuadro con motivos florales y una lámpara en la que me veo reflejado mientras escribo.
Leo por fin 'Prosas apátridas' de Julio Ramón Ribeyro, una de esas pequeñas ilusiones que no decepcionan. Leo que muchas cosas las conocemos o comprendemos sólo al escribirlas, que al escribir aprehendemos una realidad que siempre es incompleta, fugitiva, caótica... y en esta noche fría y solitaria pienso que muchas cosas han valido la pena.
Me asomo a la ventana y al no ver ninguna luz encendida, algo que podría ser razonable teniendo en cuenta la hora, siento un vacío extraño, y aunque este silencio nórdico no asusta, más bien lo contrario, pienso en poner algo de música.
Y mientras suena una canción pienso en cómo la vida nos sorprende, como cuando pensamos que todo está pérdido doblamos la esquina y volvemos a
cruzarnos con algo maravilloso, casi por despiste. Es complicado separarse, nadie nunca nos enseñó que todo llega a su fin, que absolutamente todo tiene fecha de caducidad, y aunque nos resistimos a pasar página, de repente volvemos a encontrarnos, en otro tiempo, en otros lugares, y por suerte todo vuelve a empezar.
Mi casa ardió, y estoy de paso ante el misterio por el cual se hace posible escapar, seguir la luz, de los espacios, las distancias, el vacío.Pasear, escribir, pensar, hablar igual que aquellos pieles rojas en el cine, en el presente, perfecto siempre, de los infinitivos como lagos bajo el sol, en el silencio, sin antes ni después.