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Sunday, February 14, 2010

Conjuntos (Versión extendida)



Estos días estoy leyendo a J.R. Ribeyro, Prosas apátridas, un libro que me está gustando mucho y que es otro de los grandes hallazgos que he ido encontrando tirando del hilo de los libros de VM, Dietario Voluble en este caso.

Leyendo este texto he recordado una entrada de una brillante escritora y bloguera que hablaba de las intersecciones, de esos lugares que compartimos o podemos llegar a compartir con los amigos, con otras personas en general.

En cierto modo albergo la teoría de que todos pretendemos construir nuestro propio círculo en el mundo, un círculo que por definición es cerrado y no siempre propicio a las intersecciones.
Un círculo que muchas veces no es sino un ansioso intento de afirmarnos por encima de los demás. Y en ello desperdiciamos muchas energías y perdemos nuevos caminos.

Obviamente creo que las fronteras son necesarias, (las fronteras dan para un gran debate) pero en mi relación con el mundo cada vez más busco esos círculos permeables que permiten el intercambio desde la duda, desde la ausencia de jerarquía, esos círculos -o regiones- inferiores que diría Walser.

Seguramente peque de relativista, o de condescendiente, o probablemente mi propio círculo sea algo cerrado o excluyente, incluso en ocasiones arrogante sin que yo me percate, pero no soporto esos espacios que parecen ser algo abierto desde fuera y que una vez dentro se revelan asfixiantes. Alguien dijo que en una minoría selecta se encuentra una mayoría de imbéciles.

Así que, aceptando que las intersecciones son lugares reducidos que conviene no ampliar a la fuerza, he decidido escapar de todos aquellos que cuando entran en tu círculo pretenden juzgar las luces y sombras de cada rincón de tu espacio convirtiéndose en una pesada carga.

No sé porqué pero los conjuntos es uno de los primeros conceptos matemáticos que recuerdo haber aprendido. También recuerdo que un día, en el colegio repartieron un papel en blanco y enseguida comencé a pintorrejearlo con el rollo aquel de los conjuntos que nos habían explicado en la clase anterior. Cuando la maestra acabó de repartir los folios, dijo que se trataba de dibujar a la familia para un concurso de una marca de bebidas. Era tarde, yo ya había gastado la mitad del papel sin sentido alguno, y tuve que dibujar a mis padres y hermano en medio de aquel embrollo surrealista que había pintado de manera impaciente.

Al día siguiente me llamó el psicólogo del centro y me enseñó unos dibujos horribles con manchas negras mientras me preguntaba qué veía en dichos dibujos.
Yo hubiera querido contestar que no veía más que manchas negras pero pensé que quedaría como un estúpido e hice verdaderos esfuerzos en inventarme algo que pudiera ser coherente.

Luego salí al recreo y me olvidé de todo aquello.

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