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Sunday, January 30, 2011
Thursday, January 20, 2011
Sunday, January 9, 2011
Socialisme
Yo recuerdo que en mi adolescencia, cuando comencé a interesarme por el arte, sólo me sentía atraído por lo incomprensible. En cine, por ejemplo —un arte que me interesó antes que el literario—, me perturbaron con notable intensidad películas como El año pasado en Mariembad de Alain Resnais, que vi unas veinte veces en dos meses inolvidables de mi vida. Por la tarde, a la salida del colegio, remontaba el Paseo de Gracia hacia el cine Savoy y veía por enésima vez la película misteriosa de Resnais tratando, sin lograrlo nunca, de entenderla. La fascinación y estupor que no entenderla producían en mí hoy casi me parecen cómicas. Lo cierto es que, por ejemplo, yo presenciaba esa escena en el jardín francés en el que los personajes están cinco minutos sin decirse nada hasta que de pronto uno de ellos dice: "Mariembad". Sólo dice eso y pasan cinco minutos más hasta que otro personaje le contesta: "Mariembad".
Yo no entendía nada, pero me decía que tenía que entenderlo, que allí debía estar la profunda verdad del arte. Yo creo que nunca he sido tan feliz como en aquellas incursiones en el Savoy en las que intuía algo que luego ha sido la luz que me ha guiado en las tinieblas y en la dura lucha por la creación, por la innovación: entender puede ser algo absolutamente terrible. Y no entender lo más cercano a la vida, no entender obliga al lector a crear, es decir, le abre la puerta de la tolerancia, en definitiva de la comprensión, que es lo más civilizado y espiritual que existe en la lectura, en el arte. Aunque no entendamos nada. -
Aunque no entendamos nada - EVM
Pues eso, que no se si entendí mucho.
Pero me gustó.
