Hoy como muchos viernes he cenado
aquí. Poco a poco se está conviertiendo en un ritual para empezar el fin de semana desconectando del trabajo, algo que probablemente me esté resultando más complicado de lo que debería.
Arnhem es una ciudad pequeña en el interior de Holanda a medio camino entre Amsterdam y Dusseldorf. En ocasiones puede resultar aburrida o fria, pero me encuentro a gusto aquí. Echo de menos muchas cosas, pero también tengo otras que me costaría mucho encontrar en España.
Lo principal, no sé como definirlo, sería tal vez una cierta sensación de ¨tranquilidad¨, no sé qué escritor dijo aquello de que en España a veces parece que todo el mundo fuera cabreado por la calle como si todo el país llevara la ropa interior dos tallas más pequeña.
La gente aquí es amable y supongo que el 4% de desempleo ayude mucho a tomarse la vida de otra manera. Yo en mi empresa lo noto bastante, más de un 30-40% trabaja a tiempo parcial y aunque es un país donde te frien a impuestos. yo diría que la gente no vive con esa sensación de tener una presión constante por mantener el empleo.
En Arnhem, como en toda ciudad occidental, hay cientos de franquicias de todo tipo, pero también hay un pequeño comercio que sorprende para una ciudad de unos 150.000 habitantes.
Además de las tiendas de moda y
diseño de primer nivel, me han llamado la atención negocios como una librería especializada en libros de cocina u otra en guías de viaje.
He ido un par de veces y casi nunca hay nadie, pero aún así parece que funcionan. El otro día me compré una guía de Escandinavia ahora que estoy viajando tanto a esa zona.
De los parques mejor no hablar, eso sencillamente es acojonante. Y el transporte público también es una pasada, cada 15 minutos hay un
tren a Amsterdam o al aeropuerto de Schiphol, casi como un metro interurbano.
Lo peor, además de un clima que ha sido bastante generoso tras un verano horrible, son los horarios. Ahora que se hace de noche, que las tiendas cierren a las 18h excepto los jueves se lleva más o menos bien, pero en verano -aquí anochece a las once y pico- me resultó extrañísimo, sobre todo porque en el centro de la ciudad una vez que cierran las tiendas todo se queda totalmente vacío a excepción de un par de pequeñas plazas donde varios bares y restaurantes siguen abiertos. Aunque no sea este un sitio muy turístico, un día colgaré aquí mi particular guía de Arnhem.
Hoy estoy optimista, no sé cuanto durará porque la nostalgia es dura y tiende a idealizar recuerdos pasados. Intentaré disfrutar de esta experiencia que sin ser fácil esta siendo muy gratificante. Les seguiré contando.