
Dentro de nosotros hay como una oficina meteorológica que emite cada mañana su parte sentimental: estaremos contentos, sufriremos, cólera al mediodía, etc. Y hacia esa predicción avanzamos temerosos o confiados. Oficina falaz, tan volandera como la que profetiza el clima: la tarde de la que esperábamos tanto júbilo se cubre de pronto con una insoportable tristeza. Pero también como alumbra esa noche auguralmente lúgubre la sonrisa de la desconocida.
Prosas apátridas - J.R. Ribeyro
(...)
Francesco de Gregori
0 comments
Post a Comment