"Si aquel domingo 17 de noviembre yo me hubiera limitado a contestar con sinceridad al porqué del encantamiento que ejercía sobre mí Ciudad de México, habría tenido que silenciar motivos culturales, paisajísticos, históricos y otras zarandajas y decir simplemente que a lo largo de los cuatro días que llevaba en DF había sido recibido con tanto aprecio y había hecho amigos con tan asombrosa rapidez que no podía más que sentirme entusiasmado, fascinado con la ciudad, a la que apenas, por cierto, había tenido tiempo de ver ni de analizar. Si mal no recuerdo, no salía del círculo encantado del hotel Majestic y del Zócalo."
E. V-M
http://www.letraslibres.com/index.php?art=7682
0 comments
Post a Comment