
La verdad no reside in interiore homine, en la asfixiante autarquía de la interioridad, sino en la confrontación de esta última con los demás, con las cosas, los colores, los olores, los hechos, los alimentos, las funciones fisiológicas, el sudor y los callos de las manos.
[Claudio Magris en El viajar infinito. Anagrama, 2008]
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