
Todos nosotros, los que contamos historias, somos espías, mirones. La vida es demasiado breve como para vivir el número suficiente de experiencias, es necesario robarlas.
[Enrique Vila-Matas - Extraña forma de vida]
A raíz de este libro de 'espías', (devorado en un par de horas) me viene a la mente un extraño recuerdo de juegos infantiles en uno de mis pocos veraneos suburbanos. En una tarde aburrida, yo y un amigo, con apenas 10 años jugabamos a espiar a la gente. Elegíamos la victima a espiar al azar, y le seguiamos, protegidos por la impunidad infantil, mientras inventabamos alguna historia más sugerente que la anodina realidad que ibamos descubriendo.
Como no es que fuese un juego demasiado divertido, lo cambiamos pronto por ir a distintas tiendas a pedir productos inexistentes y putear al personal.
(Vila-Matas Sigue...)
Yo era un hombre en cuya vida brillaban por su ausencia los días especialmente memorables. Pero aquel día de invierno todo parecía trascurrir de un modo totalmente anormal, aquel día parecía tener vocación de convertirse en uno de esos que con el paso del tiempo acabamos recordando como un día largo y hasta escribimos sobre ellos; si, escribimos sobre ellos obsesionados por ese día en el que se decidió en pocos segundos toda nuestra vida, escribimos porque ya no nos queda nada mejor que hacer que recordar ese día y escribimos que lo recordaremos siempre. Ya no vivimos, sólo escribimos sobre ese día: extraña forma de vida.
Como una fuerte punzada de dolor, así me llegó la voz de Amalia Rodrigues, fue una irrupción de nostalgia violenta en la mañana aquella de invierno, porque esa canción me traía los recuerdos de las noches en que Rosita y yo la bailábamos y ella me decía que si dejaba a su hermana Carmina nos iríamos a vivir a una casa como la de otra canción de Amalia Rodrigues, a una casa portuguesa, fuera del mundanal ruido, un lugar sólo para ella y para mí; una casa sencilla y portuguesa en la que, como decía la canción habría siempre pan y vino sobre la mesa, cuatro paredes calladas, un racimo de uvas doradas, ''uma casa portuguesa, com certeza''.
Por fortuna, supe reaccionar a tiempo.
Acabo el monográfico VM con un video sin desperdicio.
[Enrique Vila-Matas - Extraña forma de vida]
A raíz de este libro de 'espías', (devorado en un par de horas) me viene a la mente un extraño recuerdo de juegos infantiles en uno de mis pocos veraneos suburbanos. En una tarde aburrida, yo y un amigo, con apenas 10 años jugabamos a espiar a la gente. Elegíamos la victima a espiar al azar, y le seguiamos, protegidos por la impunidad infantil, mientras inventabamos alguna historia más sugerente que la anodina realidad que ibamos descubriendo.
Como no es que fuese un juego demasiado divertido, lo cambiamos pronto por ir a distintas tiendas a pedir productos inexistentes y putear al personal.
(Vila-Matas Sigue...)
Yo era un hombre en cuya vida brillaban por su ausencia los días especialmente memorables. Pero aquel día de invierno todo parecía trascurrir de un modo totalmente anormal, aquel día parecía tener vocación de convertirse en uno de esos que con el paso del tiempo acabamos recordando como un día largo y hasta escribimos sobre ellos; si, escribimos sobre ellos obsesionados por ese día en el que se decidió en pocos segundos toda nuestra vida, escribimos porque ya no nos queda nada mejor que hacer que recordar ese día y escribimos que lo recordaremos siempre. Ya no vivimos, sólo escribimos sobre ese día: extraña forma de vida.
Como una fuerte punzada de dolor, así me llegó la voz de Amalia Rodrigues, fue una irrupción de nostalgia violenta en la mañana aquella de invierno, porque esa canción me traía los recuerdos de las noches en que Rosita y yo la bailábamos y ella me decía que si dejaba a su hermana Carmina nos iríamos a vivir a una casa como la de otra canción de Amalia Rodrigues, a una casa portuguesa, fuera del mundanal ruido, un lugar sólo para ella y para mí; una casa sencilla y portuguesa en la que, como decía la canción habría siempre pan y vino sobre la mesa, cuatro paredes calladas, un racimo de uvas doradas, ''uma casa portuguesa, com certeza''.
Por fortuna, supe reaccionar a tiempo.
Acabo el monográfico VM con un video sin desperdicio.
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