
El siguiente párrafo me ha dejado parado. Sé que como 'nouvingut', escribirlo aquí llevarará a distintas interpretaciones (probablemente erróneas en su mayoría) pero explicar mi postura (si es que he adoptado alguna) sería entrar en un juego que me da bastante pereza intelectual. Simplemente lo pongo aquí para reflexionar sobre cómo la violencia se esconde en todos los lugares, y como la politización es algo peligrosamente permeable.
'Jacques Derrida dijo en cierto momento que la extrema violencia que se ejerce sobre un extranjero consiste en forzarle a hablar nuestra lengua. Y yo creo que más violento aún es decirle a alguien que la lengua que habla no es buena, que tiene que hablar de otra manera. Yo tuve esa experiencia al llegar a Croacia: llegaba con un acento distinto, con algunas palabras bosnias, y en una época en que esa violencia lingüística estaba en auge. Así que yo iba a una tienda a comprar algo y el vendedor me decía cómo debía hablar, que palabra debía decir porque, si no, no iba a servirme. Nos vimos forzados a aprender rápidamente el estándar políticamente correcto o el estándar necesario para mostrar que eras suficientemente leal. Era una violencia impuesta a toda una sociedad. Y todos sabíamos que la violencia se produce a través del lenguaje.'
Igor Stiks en 'Si un árbol cae' de Isabel Núñez
(...)
A raíz de estas reflexiones, lejos de ponerme demasiado tremendista, me acuerdo de situaciones cómicas en mi proceso inacabado de 'aprenentatge', como aquella vez en una consulta médica donde, tras un buen rato hablando ambos en catalán, el doctor me preguntó si había venido en ayunas.
Me quedé dos segundos parado y ni corto ni perezoso le contesté... 'No, he vingut en autobús'.
'Jacques Derrida dijo en cierto momento que la extrema violencia que se ejerce sobre un extranjero consiste en forzarle a hablar nuestra lengua. Y yo creo que más violento aún es decirle a alguien que la lengua que habla no es buena, que tiene que hablar de otra manera. Yo tuve esa experiencia al llegar a Croacia: llegaba con un acento distinto, con algunas palabras bosnias, y en una época en que esa violencia lingüística estaba en auge. Así que yo iba a una tienda a comprar algo y el vendedor me decía cómo debía hablar, que palabra debía decir porque, si no, no iba a servirme. Nos vimos forzados a aprender rápidamente el estándar políticamente correcto o el estándar necesario para mostrar que eras suficientemente leal. Era una violencia impuesta a toda una sociedad. Y todos sabíamos que la violencia se produce a través del lenguaje.'
Igor Stiks en 'Si un árbol cae' de Isabel Núñez
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A raíz de estas reflexiones, lejos de ponerme demasiado tremendista, me acuerdo de situaciones cómicas en mi proceso inacabado de 'aprenentatge', como aquella vez en una consulta médica donde, tras un buen rato hablando ambos en catalán, el doctor me preguntó si había venido en ayunas.
Me quedé dos segundos parado y ni corto ni perezoso le contesté... 'No, he vingut en autobús'.
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