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Tuesday, June 16, 2009

Vía estrecha


Otra vez fotos, lectura y tren. Esta vez nada previsto.

Por razones que no vienen al caso, cojo el tren a Bilbao a mediodía. Este tren tarda casi 3 horas en recorrer los ciento y pico kilómetros que separan Santander y el 'botxo'. Apenas hay tres trenes al día y debo ser el único que hace el trayecto en su totalidad. Algo de locos, pienso, pero total no tengo mucha prisa en llegar y veré un paisaje espectacular desde la ventana.

En efecto, el tren, de vía estrecha, hace un trayecto casi escondido entre árboles y montañas. Recuerda uno de esos trenes de juguete, una de esas maquetas antiguas que tanto me gustaban de niño. Hoy, sólo quedan los servicios de cercanías a las grandes ciudades y el Transcantábrico, un tren de lujo que, pese a las estrecheces, acoge a ingleses y americanos recorriendo la cornisa en una semana por unos tres mil euros.

Lo mejor es que no ves ninguna autopista o carretera principal, el tren -cuya vía no esta electrificada en muchos de sus tramos- parece esconderse del mundo y muestra paisajes de otros tiempos, donde las viejas casas de piedra sustituyen a la invasión de 'adosados' que ha destrozado aquí también parte de la costa.

Lo que más me sorprenden son las estaciones, muchas de piedra, con viejas puertas de madera y marquesinas de hierro propias de otra época... y esos relojes! Lástima que la imagen corporativa de la empresa haya impuesto tanto cartel y banco amarillo chillón.


Como en un viaje reciente, llevo un libro, y si en esa ocasión era Vila-Matas el que se encontraba también en un tren camino de Sevilla, ahora es Isabel Núñez quien viaja también en ferrocarril de Zagreb a Belgrado recopilando historias para un libro que me está encantando pese al regusto un tanto amargo que deja. Así que otra vez, lectura, tren y alguna foto. Así no importa cuanto dure el viaje.


Una vez pasada la Trasmiera, el tren gira y remonta el río Asón, hacia Marrón, Gibaja y Las Encartaciones, ya en Vizcaya. El verde se hace aún más intenso y pasamos por bosques continuos que recuerdan la vieja mitología local de Trentis, Anjanas, Ojáncanos y otros seres mágicos.

En breve llegamos a los alrededores de Bilbao y destacan las viejas fábricas abandonadas antes y después de llegar a la ría. La cámara se queda sin batería y no puedo sacar la Estación de 'La Concordia' o de 'Santander', una auténtica maravilla. Sus andenes son un balcón al casco viejo presidido por el Arriaga. Cierro el libro y sigo caminando por la ciudad. Hoy la veo especialmente gris, no sólo en lo meteorológico. Me recuerda tiempos pasados, lejos del relumbrón 'gugghenhemiano'. Bus, al aeropuerto, y ya en casa, cambiando la humedad atlántica por la mediterránea.

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