

Ultimamente ando algo lento y hasta ayer por la tarde no me di cuenta de que estaría en Madrid el mismo día que Vila-Matas presentaba su libro, así que, tras alguna que otra peripecia que no explicaré, me las ingenié para poder aprovechar al máximo el viaje de trabajo.
El caso es que allí estuve, en la biblioteca madrileña de nombre más santanderino, escuchando a Ray Loriga y al mencionado VM hablar sobre Dublinesca.
Hablaron, entre otras muchas cosas, de los hikikomori, de las ciudades invisibles de Calvino, del carácter policéntrico de la novela -aunque luego afirmó que el centro se encuentra al final del libro-, negó aquello de que es parte de una trilogía (eso está aún por ver) y explicó que las 3 partes del mismo (mayo, junio y julio) se corresponden con Dublineses, Ulises y Finnegans Wake de Joyce.
Una vez acabado el turno de preguntas (algunas entre lo naif y lo impertinente) me firmó el libro, -estuve a punto de decirle que se lo dedicase a un lector Qualunque pero me contuve-, tras lo cual, y para seguir con mi reciente costumbre de salir corriendo de las presentaciones de libros, escapé hacia el último tren a Barcelona.
Escribo esto a trescientos kilómetros por hora mientras me pregunto sobre el universo geográfico vilamatiano y entiendo que ese interés mío en recorrerlo físicamente produzca cierta hilaridad aunque ande yo caliente.
En Estocolmo visité el restaurante Tintarella de Luna que aparece en un cuento de Exploradores del abismo, en unos meses pretendo pasarme por el pasaventiano Herisau, mi "Viaje vertical" empezó en Bremen -que creo fué la primera referencia geográfica del escritor- y pienso regresar pronto al Terreiro do Paço lisboeta que ya conocía antes de que Historia abreviada de la literatura portátil me sumergiera en una cuasi idolatría tan impropia en mi.
Lo dicho, que aspiro humildemente a viajar para perder países y teorías, algo probablemente presuntuoso pero que de momento es la única salida que he podido encontrar.
Y aunque estoy agotado, aquí estoy colgando esta entrada que tanta ilusión me hace y que al menos por hoy responde de manera imprecisa a las dudas que me plantea este lugar virtual.
El caso es que allí estuve, en la biblioteca madrileña de nombre más santanderino, escuchando a Ray Loriga y al mencionado VM hablar sobre Dublinesca.
Hablaron, entre otras muchas cosas, de los hikikomori, de las ciudades invisibles de Calvino, del carácter policéntrico de la novela -aunque luego afirmó que el centro se encuentra al final del libro-, negó aquello de que es parte de una trilogía (eso está aún por ver) y explicó que las 3 partes del mismo (mayo, junio y julio) se corresponden con Dublineses, Ulises y Finnegans Wake de Joyce.
Una vez acabado el turno de preguntas (algunas entre lo naif y lo impertinente) me firmó el libro, -estuve a punto de decirle que se lo dedicase a un lector Qualunque pero me contuve-, tras lo cual, y para seguir con mi reciente costumbre de salir corriendo de las presentaciones de libros, escapé hacia el último tren a Barcelona.
Escribo esto a trescientos kilómetros por hora mientras me pregunto sobre el universo geográfico vilamatiano y entiendo que ese interés mío en recorrerlo físicamente produzca cierta hilaridad aunque ande yo caliente.
En Estocolmo visité el restaurante Tintarella de Luna que aparece en un cuento de Exploradores del abismo, en unos meses pretendo pasarme por el pasaventiano Herisau, mi "Viaje vertical" empezó en Bremen -que creo fué la primera referencia geográfica del escritor- y pienso regresar pronto al Terreiro do Paço lisboeta que ya conocía antes de que Historia abreviada de la literatura portátil me sumergiera en una cuasi idolatría tan impropia en mi.
Lo dicho, que aspiro humildemente a viajar para perder países y teorías, algo probablemente presuntuoso pero que de momento es la única salida que he podido encontrar.
Y aunque estoy agotado, aquí estoy colgando esta entrada que tanta ilusión me hace y que al menos por hoy responde de manera imprecisa a las dudas que me plantea este lugar virtual.
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