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Friday, March 5, 2010

Jaurès

Jaurès
Jacques Brel / Zebda

Demandez-vous belle jeunesse
Le temps de l'ombre d'un souvenir
Le temps du souffle d'un soupir
Pourquoi ont-ils tué Jaurès ?

Pourquoi ont-ils tué Jaurès?

http://www.midipyrenees.fr/Zebda-fete-Jaures



"A través de las calles de Europa aparecía cada pueblo con su pequeña antorcha, y ahora ahí esta el incendio (...) La política colonial de Francia, la política hipócrita de Rusia y la brutal voluntad de Austria han contribuido a crear la situación terrible en la que nos encontramos.

Europa se debate en una gran pesadilla (...) Ciudadanos, a pesar de todo, y os digo ésto como una especie de desesperación, no hay más que una posibilidad de mantener la paz y de salvar la civilización, desde el momento en que estamos amenazados de muerte y salvajismo, la de que el proletario reúna todas sus fuerzas, y que todos los proletarios, franceses, ingleses, alemanes, italianos, rusos, pidamos a esos millones de hombres que se junten para que el latido unánime de sus corazones aleje la horrible pesadilla."

Jean Jaurès: Discurso en Lyon, 23 de julio de 1914




http://www.letraslibres.com/index.php?art=9751




Leo el ensayo que S.Zweig dedica a Jaurés en su libro "El legado de Europa":

De repente entró también él y desde aquel momento todo fue suyo: la estancia, que su poderosa voz tonante llenó, y nuestra atención a sus palabras y a sus miradas, pues su cordialidad era tan fuerte, tan manifiesta su presencia, tan cálida la sensación de su vida interior, que inconscientemente cada uno se sentía estimulado y potenciado en la suya propia.

Llegaba precisamente del campo, y su rostro ancho y abierto, en el que destacaban sus ojillos hondos y penetrantes, tenía el sano color del sol, y el apretón de su mano era el de un hombre libre, no cortés sino cordial. Jaurés parecía entonces especialmente contento; trabajando al aire libre, en su huertecillo, con la azada y la pala, había insuflado en su sangre una fuerza y frescura vital, y ahora la compartía y se entregaba con toda la generosidad de su ser. (...)

Nada desautoriza a sus sucesores a afirmar que amó Alemania, pero una cosa es cierta: conoció Alemania, y eso en un francés es mucho. Conoció a personas alemanas , ciudades alemanas, libros alemanes, conoció al pueblo alemán y fue uno de los pocos extranjeros que conoció su fuerza. Por ello la idea de impedir la guerra entre las dos potencias se convirtió para él en una idea vital, en una angustia vital, y su actividad en los últimos años se orientó exclusivamente a ese objetivo. No se preocupó de los insultos, toleró pacientemente que le llamaran le deputé de Berlin y emisario del emperador Guillermo, dejó que se burlasen de él los denominados patriotas y atacó sin piedad a los heraldos de la guerra, a quienes la atizaban y alentaban. (...)

Ya estaba en su garganta el grito que debía llamar al pueblo de Francia, cuando lo asesinaron desde la oscuridad quienes lo conocían en su fuerza inconmovible y a quienes él conocía en sus propósitos y aventuras. Mientras montara guardia, la frontera estaría segura. Ellos lo sabían. Y sólo pasando por encima de su cadáver se desbordó la guerra con el avance de los siete ejércitos alemanes sobre Francia.

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